Definición
El impago se produce cuando el club lanza un cobro y el dinero no se materializa: porque el banco devuelve el adeudo (cuenta cerrada, fondos insuficientes, mandato impugnado por el socio dentro de las 8 semanas), porque el socio paga manualmente fuera de plazo o porque simplemente no paga.
La gestión del impago debe estar regulada en el RRI: aviso automático tras el primer impago, plazo para regularizar (típico: 7-15 días), recargo o intereses si los estatutos lo permiten, suspensión de derechos del socio si persiste, reclamación formal con burofax y, finalmente, baja por impago si supera los plazos definidos. Importante: la baja por impago debe ser proporcional y estar prevista en estatutos para no ser impugnable.
¿Cuándo aplica?
Es una realidad de cualquier club que cobra cuotas: con buena gestión, los impagos persistentes son <2% del total; mal gestionados, pueden superar el 10% y hundir la tesorería. Un sistema con avisos automáticos, dashboard claro y procedimiento estándar reduce el impago crónico drásticamente.
Ejemplo práctico
Errores comunes
- No tener procedimiento escrito: cada caso se gestiona de forma distinta y deja al club en mal lugar.
- Suspender al jugador sin avisar: la suspensión debe ir tras avisos formales y plazos.
- No usar burofax cuando toca: en caso de litigio, el burofax es la prueba sólida.
- Permitir que el impago crónico se acumule: cuanto antes se gestione, mayor probabilidad de cobro.
Términos relacionados
Si te interesa este término, probablemente también tengas dudas con estos:
Últimos artículos del blog
Guías prácticas para juntas directivas, tesoreros y coordinadores de clubes deportivos.
- Cobrar las cuotas del club: recibo bancario, tarjeta o transferencia
- Convenios con el ayuntamiento por el uso de instalaciones: qué negociar antes de firmar
- Cómo montar el calendario de cobros de toda la temporada de una vez
- Cuánto cuesta de verdad un software de gestión de clubes: mira el coste total, no solo la cuota
- Los errores de septiembre que se pagan en enero
- Listas de espera y cupos por categoría: cómo gestionarlas con criterio